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LOS MORISCOS CASTELLANOS EN EL SIGLO XVII

Héctor Linares González

Hector.linares@estudiante.uam.es   

  1. Los moriscos castellanos en el siglo XVII

Este artículo irá continuado de sus secuelas posteriores, como será “Las causas de la expulsión de los moriscos” , “El proceso de expulsión“,  y “Las consecuencias del proceso de expulsión de los moriscos castellanos en 1609“.

Cuando hablamos de la expulsión de los moriscos de tierras hispanas nos referimos a la acción que se llevó a cabo durante el gobierno del rey Felipe III de España, de la dinastía de Austria, y de su valido, el gran Duque de Lerma.  Fue realizado en el año 1609.  Para poder realizar esta introducción tenemos que remontarnos a los tiempos del gobiernos islámico de Al-Andalus, cuando los musulmanes habitaban y gobernaban la mayor parte de la península ibérica. Como sabemos, tras el inicio de la reconquista por parte de los reyes cristianos del norte de España, con las figuras  de muchos reyes castellanos, como Fernando III “El Santo”, Sancho IV “El bravo”, Alfonso X “El sabio” y sus católicas majestades, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, se produjo la gran reconquista de las tierras islámicas españolas. Los reyes católicos fueron benévolos ante esta causa, y permitieron vivir a los moriscos en España, eso si, tras su conversión.  Los moriscos profesaban la religión cristiana, aunque ante los enormes recelos de la iglesia católica ante estos grupos, y los judíos conversos, se empezó a realizar una caza contra ellos. El organismo que llevó a cabo este proceso fue el tribunal de la Inquisición, que desde 1478 ya estaba operativo en la ciudad de Sevilla, y fue expandiéndose por toda España.

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Con el gobierno de Carlos V los recelos volvieron a aflorar, de hecho, el Papa Clemente VII mandó varias cartas al Emperador instándole a que no abandonase la senda de la conversión de los moriscos y a su expulsión si no procedían a abrazar la religión de Cristo. Con el conflicto de las germanías se volvió a plantear el problema de si aquellos moros así bautizados eran o no cristianos. Algunos pensaban que no, otros que si. De todas partes le venían al emperador requerimientos para acabar con esa causa de perturbación religiosa y política.  Pero la junta de teólogos reunidos en Valencia acordaron que los bautismos y las conversiones dadas en tiempos de la revuelta de las germanías eran válidas, y que seguiría así el sistema.  Se mandaron predicadores e inquisidores para esta función de conversión, entre ellos estaba el clérigo, Fray Antonio de Guevara, que participó en la revuelta de las comunidades.  Con Felipe II, los moriscos corrieron un gran peligro, dado que las amenazas de expulsión eran enormes, pero el rey jamás contempló dicha posibilidad. Aunque la leyenda de Felipe II es la de un fanático de la religión, en realidad no era así, pensaba que la religión y la política no debían estar unidas, así lo pensaba él y su cuñada Isabel I de Inglaterra, con a que tenía abundante correspondencia. Felipe II jamás firmó decreto alguno de expulsión, aunque desde 1580 estaba sobre la mesa la cuestión de la expulsión de los moriscos. El confió siempre en la buena fe de los moriscos y en su conversión al catolicismo, aunque si que prohibió que utilizasen sus prendas tradicionales de vestir, su lengua bereber, y sus tradiciones islámicas, en 1567, con su pragmática sanción.  Esta pragmática sanción será el antecedente de la guerra de Granada, donde Aben Humeya se proclamará rey de Granada. Fue en el siglo XVII cuando se produjo la expulsión definitiva de este grupo social, que en la España del siglo XVII era de unas 300.000 personas.  Algunos lugares perdieron prácticamente su población, otros menguaron de una forma enorme. Dado que  en el año 1600, España poseía una población de unos 8 millones de personas.  Además se produjo una gran perdida económica, de hecho se perdieron algunos sectores económicos que eran solo trabajados por moriscos, como la industria de la seda de Valencia.

ImagenA menudo se habla del siglo XVII como una época de crisis, la crisis del siglo XVII, economía, política y sociedad en crisis. Cuando pensamos en este tiempo no nos podemos ni imaginar que se produjesen unos movimientos migratorios tan importantes, a veces pensamos,  los no formados en la materia, que los fenómenos de este tipo solo se producen en el siglo XX, es rotundamente falso. Relacionar la expulsión de los moriscos con la geografía humana, la demografía, la migración  y las ciencias de la población es algo fundamental para poder comprender lo que verdaderamente supuso la expulsión de los moriscos de los territorios españoles.  En torno  principios del siglo XVII, en España habitaban más de 300.000 moriscos, es decir, una población bastante grande y considerable para la población que tenía España en aquellos momentos, unos  8 millones de habitantes.  Según el territorio la sangría fue menor o mayor, en algunos lugares de la península la salida de los moriscos significó un simple decrecimiento del 2% de la población, sin embargo, en la corona de Aragonesa produjo una de las mayores sangrías demográficas de la historia, casi el 17% de la población de la corona aragonesa fue expulsada, sobre todo en los territorios valencianos. 185.000 moriscos habitaban en la corona de Aragón, de ellos, más del 75% de los moriscos vivían en las tierras valencianas.

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La gran mayoría de los moriscos residentes por aquellos tiempos en los reinos ibéricos eran campesinos que trabajaban las tierras de grandes señores. Algunos eran mano de obra esencial para el sostenimiento de economías locales y señoriales, es por ello que al principio los nobles valencianos y aragoneses se opusieron al bando de expulsión de los moriscos.  Algunos se dedicaban al comercio y otros a la artesanía. La cohesión social era enorme.  Era en Valencia donde había un gran cantidad de moriscos, además eran una fuente enorme de riqueza para la región, dado que era fundamentalmente agrícola y era trabajada por los moriscos. En Valencia eran particularmente tradicionales, seguían usando su lengua morisca y sus tradiciones seguían casi intactas, con sus típicos ropajes y su fe. Esto era algo que a los cristianos no agradaba demasiado.  En la corona de Aragón, también desempeñaban un papel fundamental para la economía, sobre todo en puestos base de la agricultura, del comercio, la artesanía local y de la industria vinícola. En la corona de Castilla la cantidad de moriscos era, podríamos decir, insignificante. Estaban muy dispersos y eran muy pocos, es cierto que en Andalucía había más que en el centro peninsular, pero tampoco era un numero demasiado grande. Había grandes centros como Ávila, que poseía una población moriscas mas o menos importante, pero no era en exceso. El verdadero groso estaba en la costa de Valencia y en Aragón.

 

REGIONES

 

Moriscos

 

Expulsado

Valencia 125.000 117.464
Aragón 61.000 60.818
Cataluña 5.000 3.716
Castila y Extremadura 45.000 44.625
Murcia 16.000 13.552
Andalucía 30.000 29.939
Reino de Granada 3.000 2.026
canarias 1.000
TOTAL 286.000 272.140

Las comunidades de moriscos se vieron forzadas a abandonar los reinos hispánicos por las órdenes reales del rey Felipe III de España, en el año 1609, los últimos moriscos saldrían de España, los castellanos, en 1614. Las cuestiones de la salida de los moriscos son diversas, se puede pensar que solo era por el mero hecho de su religión, del recelo de que eran falsos cristianos, pero eso fue una razón muy de fondo, en realidad la razón fue más bien por política de estado.  Es cierto que la razón de la religión fue importante también, no olvidemos que España era un país que se mostraba garante de la religión católica y uno de sus grandes bastiones, de hecho, Felipe II se nombraba así mismo el sostén de Roma.  Algunos de estos moriscos, como los de Valencia, seguían teniendo sus costumbres moriscas, sus trajes, sus hábitos, etc… y esto no provocaba agrados en la población cristiana. Varios eclesiásticos se quejaban de esta provocación, y pedían soluciones, quizá la más estricta de todas ellas sería la expulsión a tierras de Berbería.  Pero como hemos dicho antes la verdadera razón de peso era la política. La monarquía de Felipe III estaba enemistada con Inglaterra, Francia y demás potencias europeas, así como con los enemigos de la cristiandad; turcos, argelinos, y demás reyes y soberanos de la ley islámica.

Se pensaba durante mucho tiempo que los moriscos en realidad eran espías de las potencias musulmanas, que enviaban información a sus reyes y embajadores, e intentaban  sabotear a la monarquía hispánica. Uno de los grandes artífices de esta teoría era el gran Duque de Lerma.  Se pensaba que si  estos atacaban a la corona de España en algún momento, estos moriscos lucharían en el lado de los enemigos, y sería algo desastroso. Eran vistos como traidores, y se tenía gran pánico a esa idea.  Pero la idea de la expulsión de los moriscos, aunque estaba en el aire, no se planteó realmente hasta finales de 1608. Fue el Duque de Lerma el gran defensor de esta idea, de hecho, en el consejo de estado que se realizó para votar la iniciativa, todos los consejeros del reino estaban indecisos, y fue Lerma quien los llevó a su campo. El por qué ya lo hemos visto, pero también se buscaba recuperar el prestigio de la monarquía hispánica como una marca de catolicismo en el mundo. Que se volviese  a ver a España como ese bastión de la Iglesia. Además la política exterior de Felipe III era un fracaso, así como la economía, que atravesaba en el siglo XVII una enorme crisis como la del paño castellano. La crisis del siglo XVII fue bastante grande en los  países mediterráneos, sobre todo en España, la principal receptora de metales preciosos de América, cuyo volumen de importación bajó considerablemente, lo que hizo que la economía se  enfriase.  En cuanto a las razones políticas tenemos también que nombrar las razón de las guerras de Flandes, la Paz de Londres, y demás problemas a los que se enfrentaba Felipe III. Quisieron entonces hacer de la expulsión una medida que recuperase la importancia de España en el mundo. De hecho, el reinado de Felipe III se caracteriza por este hecho particular.  La expulsión comenzó en el reino de Valencia en 1609, seguido por Aragón, y por último Castilla en 1614.

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