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El valimiento y los golpes al poder real

Héctor Linares González

Hector.Linares@estudiante.uam.es

Uno de los grandes fenómenos que ha sido constante a lo largo de la edad moderna española, y sobre todo, durante el gobierno de los Austrias menores, ( término acuñado por don Antonio Cánovas del Castillo en el siglo XIX), fue el de los pulsos y retos al poder real, y uno de los más grandes fue el sistema de valimiento y los golpes de estado.

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La monarquía católica se configuró desde los tiempos de Felipe II como una maquina burocrática capaz de dirigir un imperio que no tenía casi límites, pero dentro de todo esquema siempre hay fracturas. Felipe “el prudente” sabía perfectamente que el sistema de valimiento era un instrumento que debilitaba a lo política, que la subordinaba a un individuo, por ello intentó durante la mayoría de su gobierno  el uso del auto-gobierno, él era quien dirigía el aparto burocrático y el estado. Cuando Felipe II fue victima de las enfermedades, y el  mal de cuerpo empezó a ganar la batalla al ímpetu del alma, fue cambiando de parecer. Del sistema de Consejos al de Juntas, y después del de Juntas al del valido. ¿Por qué este cambio?, muy sencillo, por la protección de la corona como institución sólida y duradera durante los siglos.  Si un gobierno realizaba mal su gestión, y el monarca era la cabeza de este, el pueblo, la nobleza, el ejército, y demás elementos de la nación,  se pondrían en contra del monarca, pero si la cabeza no era el propio Rey, sino un primer ministro o valido, solo se tendría que cambiar al valido en un momento dado y ya esta.  Ese era el pensamiento, era un método de auto-protección, al igual que el capitalismo para sobrevivir creó el llamado “estado de bienestar”, la monarquía creó el sistema de valimientos. Hacía que la monarquía quedase alejada de todo escándalo político, en la mayoría de las veces, siempre hay excepciones.  Con la llegada de los Borbones el sistema continuó, aunque, si bien es cierto, Luis XIV “Le Roi Soleil”, le decía constantemente a Felipe V de España, su nieto y Duque de Anjou, que se apartase de los validos.  Pero era un mecanismo muy cómodo, y Felipe V nunca se sintió bien en España, era un extranjero gobernando en un país al que no conocía, donde la  ropa según él era “Gris y negra” y la comida “Olía a ajo”.

ImagenEl valido se encargaba de dirigir la política nacional. Configuraba una camarilla de acólitos que le seguían en todo momento, y creaba redes clientelares, por ello muchas veces se producían las revoluciones nobiliarias, porque entraba un valido y se favorecía a una determinada familia o Casa nobiliaria.  Un ejemplo es el valimiento del Duque de Lerma, con él en el gobierno se produjo el ascenso de los “Sandovales”, una de las familias más poderosas de la España del siglo XVII. Con el valimiento del Conde-Duque de Olivares se produjo el ascenso de sus primos y familiares, como el Marqués de Leganés ( que por cierto, fue uno de los grandes coleccionistas de arte de su tiempo, gracias a su primo el Conde-Duque).   La nobleza siempre fue un factor de estabilidad para la monarquía, pero a veces se configuraban como elemento de destrucción y caída de gobiernos. Con el gobierno de Felipe IV se produjeron dos grandes revoluciones en la península ibérica, una de ellas es la del golpe de estado en Portugal por el Duque de Braganza, Don Juan de Braganza, que se proclamó Juan I de Portugal, de la nueva dinastía de los Braganza. Que un noble de tu Corte realice un golpes de estado y se convierta en Rey de Portugal es un hecho que jamás pudo superar Felipe IV, y que al final tuvo que dejar pasar dado que la guerra hispano-portuguesas se estaba cobrando muchos muertos y demasiados reales, un peso que la hacienda española no podía sufragar.  El Duque de Medina-Sidonia, cuyo fundador de la Casa fue Guzmán el Bueno,  también intentó un golpe de estado contra el gobierno de Felipe IV, estaba hablando de cuando intentó proclamarse Rey de Andalucía, quedó todo en un amago. En la década de 1640 se produjeron una serie de hechos que casi hacen caer a la propia monarquía hispánica, y fueron las revoluciones de Sicilia y Nápoles y la muerte del heredero al trono, el príncipe Baltasar Carlos.  Tres golpes que casi postraron a Felipe IV. Las revoluciones de Milán también se produjeron al intentar instaurar la Inquisición en sus territorios, pero la monarquía tuvo que dar marcha atrás y no instaurar el tribunal del Santo Oficio en el Milanesado. Las revoluciones de Nápoles y Sicilia no eran contra la monarquía sino contra el gobierno oligárquico que poseían, era contra las élites poderosas, de hecho se oía por las calles “Viva el Rey y abajo el mal gobierno”. Los responsables políticos de aquello eran los Virreyes de Nápoles y Sicilia, es decir, El Duque de Arcos y el Marqués de los Vélez.

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Con el gobierno de Carlos II es cuando más golpes al poder real, desde la nobleza, se dieron. Cuando murió Felipe IV, en la década de los 60 del siglo XVII, comenzó el gobierno de Carlos II, primero con la regencia de su madre, Mariana de Austria. Felipe IV, tras la muerte de su hijo, el Príncipe de Asturias, Baltasar Carlos, engendró a Felipe Próspero, que se convirtió en Príncipe de Asturias, pero murió a los pocos años, dando otro golpe a la monarquía, se pensaba que ya no habría heredero,  hasta que nació Carlos II, el Rey enfermo.  El cual se pensaba que había sido hechizado por la gran cantidad de enfermedades que poseía, y por ser estéril. Las pócimas y rituales que se le practicaban para intentar quitarle el demonio, que según decían, llevaba dentro, eran escalofriantes. Entre ellos estaba ponerle pólvora en los genitales para ver si podía eyacular, o darle tritones o sangre de aves diversas.

ImagenFelipe IV dispuso que su mujer, Mariana de Austria, fuese la regente del reino hasta la mayoría de edad de Carlos II, y creó un Consejo de cinco Grandes de España para aconsejar a la Reina, y se la advirtió de evitar el valimiento, aunque hizo caso omiso y nombró como Valido a su confesor, el jesuita Nithard, de origen suizo. Eso cabreó mucho a la nobleza dado que era extranjero.  El gran aspirante al cargo de Valido era Don Juan José de Austria, el hijo bastardo de Felipe IV, nacido por la unión de Felipe IV y la “Calderona”.  Don Juan José movió fichas hasta que hizo caer al valido, pero no consiguió que la reina le nombrase a él como primer ministro, y se nombró Valido al amante de al reina,  el señor Valenzuela,  esto hizo que se produjera la revolución de los Grandes de España, todos apoyando a Juan José de Austria y haciendo caer al gobierno y obligando a la reina a nombrarle Primer Ministro. Carlos II cumplió la mayoría de edad y se le mandó casar con María Luisa de Orleans, que no obtuvo con ella descendencia, además murió muy rápido y joven,  ( Se cayó montando a caballo) era una reina muy poco querida en Madrid, y cuando murió, los diarios y periódicos anunciaban la alegría de la muerte de la reina.  Su segunda esposa fue Mariana de Neoburgo, y se la eligió porque su madre había tenido 23 hijos, es decir, que tenía genes de fertilidad. Pero el Rey era incapaz de concebir hijo alguno, y para tener influencia en la Corte, la reina  fingió tener hasta 11 abortos.  Mariana se hizo cargo del gobierno y fue expulsando a todos los que no la apoyaban, instauró su gobierno personal,  hasta que en los últimos años de Carlos II, cuando se sabía perfectamente que no había continuidad en el trono, el Cardenal Primado de España, Luis de Portocarrero, se hizo  cargo del gobierno y se eligió sucesor al que Mariana de Austria había elegido desde hacía tiempo atrás,  José Fernando de Baviera. El problema es que este murió de forma repentina, quizás asesinado por el Emperador Leopoldo para que su hijo, el Archiduque Carlos de Austria obtuviera la Corona hispánica, pero el heredero fue finalmente, gracias a las influencias del Cardenal de Portocarrero, el joven Duque de Anjou, Felipe de Borbón.

Imagen Los golpes al poder real no siempre venían de la nobleza, aunque en gran parte se debía ella, es cierto. La Iglesia, el ejército y el mismo pueblo también participó contra el poder del gobierno, no podemos explicar todos los sucesos, pero vamos a nombrar alguno de ellos,  dentro de las revoluciones del pueblo tenemos que hablar de las Regalías de Valencia, las Germanías, y la revolución de los Payeses.  El ejército se revolucionó mucho más a  partir del siglo XIX, hasta el año 1814 no se produjeron grandes saltos del ejército, pero es en este siglo cuando irrumpe de manera brutal, haciéndose la política entorno a esta institución del estado. La Iglesia, aunque parezca mentira, no siempre ha estado del lado de la Monarquía, en algunos casos incitó a la revolución, como en el “Motín de Esquilache”, durante el gobierno de Carlos III.  Tendríamos que nombrar aquí también las revoluciones en los Países Bajos, o las de América o la de Aben Humeya con la guerra de Granada, durante el gobierno de Felipe II, pero han sido unas leves pinceladas

Fuentes de información

FLORISTAN, A. Historia Moderna de España, Ariel Historia, Barcelona, 2000.

FLORISTAN, A. Historia Moderna Universal, Ariel Historia, Barcelona, 2004.

CASO, A. Donde se Alzan los tronos, Planeta, Barcelona, 2013.

ALVAR, A. Demografía y Sociedad en la España de los Austrias, Ediciones Arcos, Madrid, 1996.

PARKER, G. Felipe II, la biografía definitiva, Planeta, Barcelona, 2013.

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