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EL PALACIO DE VERSAILLES, UNA INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

Héctor Linares González

Hector.Linares@estudiante.uam.es

             Imagen Cuando hablamos de conjuntos palaciegos siempre nos viene a la cabeza el gran Palacio de Versalles. La residencia de  los monarcas franceses no siempre se situó en este pequeño pueblo del sur de Paris, en la Ile de France.  En un principio los reyes de Francia residían en el palacio real de las Tullerías de París, el problema que empezó a molestar a Luis XIII fue que la ciudad de París, gracias al capitalismo y al gran éxodo que se producía hacía la capital del reino,  empezó a crecer de una manera sorprendente. El palacio que en su origen estaba a las afueras de París, empezó a estar rodeado de edificios, el pueblo llano ya estaba cerca de la familia real, y es algo que no estaban dispuestos a consentir los reyes de Francia, por lo que se pensó en cambiar la residencia real. En el gobierno de Luis XIII, casado con Ana de Austria, hermana de Felipe IV de España, el Palacio de Versalles no era más que un simple palacete de caza.  Ese Palacio primitivo de caza en Versalles sufrió majestuosa metamorfosis cuando  comenzó el reinado de Le Roi Soleil, Luis XIV. En un principio, durante el gobierno de su madre, Ana de Austria, al morir Luis XIII, el Palacete no tuvo casi reforma, pero cuando Luis XIV cumplió la mayoría de edad y apartó a su madre del consejo de ministros, comenzó la remodelación de Versalles.

ImagenVersalles fue desde el gobierno de Luis XIV el centro político y administrativo, a la vez que social y cultural de toda Francia. Era la Corte del reino, donde residían los reyes y la nobleza de corte; los encargados de la dirección del país por mandato divino.  Fue Luis XIII quien, agobiado por la situación de su palacio en París, dado que veía que la ciudad había crecido demasiado y ahora el palacio real tenía vistas a la ciudad de París, quiso retirarse a las afueras. Su idea fue la de un conjunto palaciego en la ciudad de Versalles, a unos 40 km de París.

El palacio comenzó siendo un pequeño pabellón de caza, como lo era el Palacio de la Zarzuela  en Madrid, y poco a poco fue ampliándose. Fue con el gobierno de su hijo, Luis XIV, cuando el Palacio experimentó una enorme transformación.  Dicen las crónicas y escritos de la época que Luis XIV, ansioso por mudarse a Versalles, llegó y todavía estaba en andamios la gran sala de los espejos, que por cierto, en un origen era una gran terraza que daba vistas al jardín del gran canal.  Se cerró porque las previsiones de día soleado en Versalles no eran las mismas que en la costa azul, evidentemente.  El palacio pronto fue ampliado por el rey Sol, y estableció que sus aposentos reales tendrían que estar por donde saliera el sol, para que el primer rayo de luz de la mañana alumbrase su habitación, dado que el se consideraba el Sol de Francia.

ImagenVersalles fue ampliándose a medida que las ambiciones urbanísticas de Luis XIV y sus sucesores iban siendo mayores.  La capilla fue empezada durante el reinado de Luis  XIV, en 1609, para terminarse en 1710. Está construida en honor a San Luis, uno de los patrones de Francia.   Es una joya de la arquitectura barroca donde destaca su retablo cubierto enteramente con pan de oro.  No podemos dejar pasar por alto la enorme columnata que rodea todo el espacio de la capilla.  Es en esta donde se casarían Luis XVI y María Antonieta, aunque no se produjo ahí la coronación, dado que  en Francia ese tipo de actos se realizan en la Catedral de Reims.   Las habitaciones principales de Palacio, que han de ser citadas, son; El gran salón y galería de los espejos, ya mencionado anteriormente y donde se realizaban grandes sesiones de baile y fiestas de gala. Es en este espacio donde se proclamó el II imperio alemán por Bismark en 1871, también se firmaron ahí los Tratados de Versalles, en varias ocasiones.

ImagenOtro espacio de lo más singular es la cámara de la Reina. Posee una decoración rococó de estilos florales que asombran a quien  visita la instancia.  La cama está coronada con plumas de todo tipo de aves. La Cámara del Rey, en el centro de palacio, el lugar donde sale el Sol , era el lugar donde su majestad el rey de Francia dormía, como puede verse, tanto el Rey como la Reina de Francia poseían instancias separadas, como marca el protocolo real. Todas las habitaciones regias poseen la llamada baloustrada, un elemento que separaba la parte pública de la cámara de la parte privada. En esta segunda  mitad de la habitación solo podía estar el Rey o la Reina. En la habitación de la reina, tenemos que comentar,  estaba detrás de una pared, y escondida, la habitación secreta de la reina, la llamada “meridiana”.  En donde se refugió la reina cuando el Palacio fue asaltado por la muchedumbre enfurecida durante la revolución francesa.

Encima de cada una de las camas reales se encontraba la alegoría de  Francia, la cual guiaba a los monarcas en el ejercicio del buen gobierno.  En estas cámaras reales, y en sus antecámaras se desarrollaba el ritual de el Grand Levé. Consistía en el despertar de los reyes.  Era un honor estar presente en el momento en el que los reyes se levantaban y se vestían, solo una minoría cortesana podía verlo.

Le Roi Soleil, Luis XIV,  no solo reformó el palacio, lo dotó de capilla real con columnatas de estilo clasicista,  y construyó las alas ministeriales, sino que además mandó reformar los jardines.   Los jardines en Versalles son concebidos como una figura arquitectónica, es el sistema de panterre a la francesa, donde el jardín sigue trazados realizados por un arquitecto. Todo es armonía, es rectitud, es exactitud, lógica y razón. Belleza sin igual se respira en el invernadero de Versalles, donde se encuentran más de 300 especies de plantas distintas.  Pero la joya del conjunto es el  Gran Canal, coronado con la preciosa fuente de Apolo, donde se representa al Dios griego con una carroza tirada por caballos que parecen flotar en las aguas del canal. Un canal que posee aguas del río Sena, y que es traída mediante un sistema complejo de bombas de agua y presión, denominada “Maquina de Marly”.

Imagen Los jardines fueron un elemento esencial en la vida palaciega. Los nobles acostumbraban a pasear y jugar  en los jardines de palacio.  Conciertos y lectura se daban a menudo en  los alrededores del conjunto de Versalles. La gran renovación del jardín real se produjo con el gobierno de Luis XVI, quien, con su mujer Maria Anotonieta, dotaron de nuevos espacios al conjunto ajardinado.  Uno de los más importantes es sin duda el Dominio de la Reina, o también llamado “aldea de la reina”. Es una reproducción de una aldea típica francesa de la zona de la Bretaña, donde hay una granja, un lechería, un palomar, jardines y huertas, un estanque dotado de peces comestibles, y demás elementos que evocan a la vida bucólica.  Era un divertimento de la Reina,  donde se disfrazaba de campesinas con su camarilla, formada entre otras, por la Duquesa de Polignac y por la Condesa de Lamballe.  Se hacían pasar por campesinas y eso les parecía un juego de lo más divertido.

El pequeño y gran Trianón no quedan lejos de la Aldea de la Reina. Eran pequeños palacios donde el Rey y la Reina de Francia se alejaban del bullicio de la Corte de Versalles. Estaban en el interior de lo jardines de Palacio, tenemos que recordar que el conjunto de jardines tenían una extensión de unos 15 km.  En los últimos años del reinado de María Antonieta y Luis XVI de Francia, la Corte de Versalles estaba casi vacía porque los reyes pasaban más tiempo en sus espacios privados que haciendo vida social con la nobleza palaciega. Los nobles pensaban que de que servía vivir en Versalles si ya nunca veían a los reyes. Empezaron a abandonar la Corte, y con ello, la monarquía de Francia empezó a tener menos apoyos de la nobleza. Causa  muy importante para luego entender la revolución francesa.

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