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AL-ANDALUS: DEL EMIRATO AL CALIFATO

Héctor Linares González

Universidad Autónoma de Madrid

Hector.Linares@estudiante.uam.es

 Al-Andalus:,  Inicio y fin del emirato,  y el comiendo del califato de Córdoba.  

El Califato fue iniciado por Adb Al Raham III, octavo Emir independiente de Córdoba,  en el año 929.  Al-Andalus se había transformado en un Emirato independiente de oriente con la llegada de Abd Al Rahman I, quien se autoproclamó Emir independiente a su llegada a la península ibérica, pero no se atrevió a proclamarse Califa, pues era ir contra el Corán. En el libro sagrado se decía claramente que no se permitirían secesiones o Cismas en el Islam, aún así este emir no consideraba legítimo al Califa de Bagdad. Abd Al Raham I fue el único superviviente de la familia Omeya, la cual fue asesinada por la familia reinante en Bagdad, los Abasíes. Abd Al Raham I consiguió establecer el emirato independiente ( año 756)  aprovechando la jornada de revueltas que se estaban produciendo en el Magreb islámico. Con el primer gobierno independiente en Al-Andalus se producen enormes reformas en todos  los campos. Reformas administrativas, fiscales, territoriales, y militares. Se empieza a crear un ejército de mercenarios profesional, se establecen marcas territoriales, y se consolida un preciso sistema de impuestos ( a base del conocimiento y la experiencia siria) con impuestos como la Jizya , el Zakat[1], o el kharadj.  Las reformas las continuará su hijo, Abd Al Raham II, quién intentará centralizar la administración, el centro de toda ella será la figura del Emir. Se empiezan a imitar los modelos administrativos del Califato de Bagdad.  Se establecen instituciones como las Cancillerías,  la tesorería de la hacienda, el tesoro,  o los ministerios o Diwanes[2]. Esta línea de Emires independiente continuará hasta ocho generaciones de emires, hasta el gobierno de Abd Al Rahman III, quien proclamará el Califato  independiente con sede en Córdoba ( que llegará a tener 200.000 hb).

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Dentro de la península ibérica el emirato tendrá grandes problemas, y uno de ellos es los pueblos cristianos del norte peninsular, los cuales suelen pagar sus impuestos de forma regular, pero comienzan a dar negativas, y con ello  se empiezan  a dar los primeros problemas. Además dentro del emirato hay problemas internos. Los emires de Córdoba  se apoyan sobre los yemeníes, pero hay que recordar que el ejército está formado casi en su totalidad por bereberes. Ante esta situación se empiezan a ver disputas, y surgen los Bawali[3], que quieren hacerse un hueco en el gobierno del emirato. Además tenemos que nombrar el problema de los mozárabes, los cuales tienen una gran importancia en ciudades como Toledo ( Antigua capital Visigoda). Se empiezan a ver revueltas mozárabes, lo cual es un gran problema para el emirato.  Tenemos que destacar las jornadas revolucionas del Foso en Toledo, en el año 797, y la jornada del Arrabal de Córdoba, en el año 818.  Todo esto mostraba la debilidad interior que tenía el emirato, y los pueblos cristianos aprovechaban estas debilidades internas para realizar su organización  y expansión por el norte.  Se reconquistará la zona de Galicia por Alfonso II de León. En Pamplona se establecerá un Condado, y se reconquistará Aragón y la zona de Cataluña.

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La formación del Califato supone la máxima expresión de esplendor de Al-Andalus.  Anteriormente los emires cordobeses no se habían atrevido a proclamarse Califas, pero Abd Al Raham III si lo hizo, y se entiende por varias circunstancias, y una de las más importantes es por la legitimación.  Abd Al Rahman III podía proclamarse porque decía ser descendiente directo de los últimos Califas Omeyas del Califato de Damasco, y además de ello, ya no era tan difícil proclamarse  pues en Oriente ya se había producido un cisma califal. Había una bicefalia entre el Califato Fatimí de El Cairo, y el Califato Abasí de Bagdad.  Ante esta situación Abd Al Rahman  III se proclamó Califa, y con ello, el emirato de Córdoba se transformó en Califato, convirtiéndose en cabeza política y religiosa del islam andalusí.  Durante su gobierno se realizaron   grandes reformas administrativas y militares. Abd Al Raham III siente el deseo de proclamarse Califa tras la gran victoria musulmana en la batalla de Valdejunquera[4], en el 920. Se venció a la fuerza conjunta de los reyes de León y de Pamplona, y con esa popularidad  y poder no dudó en autoproclamarse.       Se empezó la construcción de la ciudad palatina de Medinat Al Zahra, la cual será la máxima expresión del esplendor y poder del Califato andalusí. Además se puso mucho empeño en la mezquita de Córdoba, la cual con Almanzor será ampliada.  El primer Califa creará un sistema de propaganda política totalmente nueva y  novedosa, a estilo de los Emperadores de Bizancio. Este sistema de propaganda política también la seguirá su hijo. Además con su gobierno se crea la primera Ceca de Al-Andalus, y se empieza a acuñar moneda con imágenes califales. Su hijo, Alhaken II, fue quien le sucedió en el trono califal. Con su gobierno se mantuvo el esplendor de Al-Andalus, y se llegó al cenit del Califato.   La gran parte de la fama y popularidad de los dos primeros califas se debe a sus grandes victorias militares contra los pueblos cristianos del norte peninsular.  El califato posee una maquinaria bélica enorme formada por mercenarios bien entrenados. Además el Califato vende perfectamente la idea de unidad del Islam bajo la figura del Califa, lo cual es un gran triunfo para la política califal. Tras el gobierno de Alhaken II  empezó el declive y el comienzo el fin de una época que solo duraría unos 100 años, y sólo tres generaciones de Califas.   Fue durante su reinado cuando apareció en la escena política andalusí, Almanzor[5]. El cual gracias al apoyo de una de las amantes del Califa, fue ascendiendo en la escala militar hasta llegar a ser intendente de las tropas andalusíes del Magreb, pero entró en la primera línea política con Hisham II.

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Le sucedió en el gobierno califal su hijo,  Hisham II, pero el verdadero poder lo detentaba Almanzor, su Hayib.  Almanzor neutralizó la figura del Califa por completo, se convirtió en un elemento meramente visual, institucional. Le relegó del poder político, y lo convirtió en su marioneta, pero se servía de él  para tener legitimación de su gobierno.   El Califa no saldrá a penas de Medinat Al Zahara en los 40 años que dura su gobierno.  El sistema califal seguirá siendo el mismo, solo que el poder lo detenta el primer ministro. Pero hay un momento que marca un antes y después en el gobierno de Almanzor, y es la batalla de Calatañazor[6],  en el 1002, donde las tropas musulmanas son derrotadas por los ejércitos cristianos. Almanzor muere cuando volvía a Córdoba, en Medinaceli,  y le sucede su hijo, Sanchuelo, el cual no tiene las capacidades que poseía el padre, y comete un gran error, que es proclamarse Califa sin tener la suficiente legitimidad. Esto provocó una enorme revuelta que les costó la vida al propio Sanchuelo..

La fitna[7]  o “división” supone el fin del Califato de Córdoba. Empezó con el golpe de estado realizado contra el hijo de Almanzor,  Almanzor Sanchuelo.  Hisham II fue depuesto, y se alzó en el poder Muhammad II al Mahdi, biznieto del propio Abd Al Rahman III, pero su gobierno duró poco,  unos pocos meses del 1009, pues se le provocó una revuelta que le depuso,  por su conflicto con los bereberes y por el apoyo a su primo, Sulayman Al-Mustain, del Conde Sancho García.  Sulayman fue vencido por las tropas del general Wadih, que puso de nuevo en el Califato al depuesto Muhammad II AL-Mnandi, que fue asesinado en el año 1010.  Con su muerte se vuelve a instaurar en el Califato el gobierno de Hisham II. Desde el 1010 hasta la caída del Califato con Hisham III, todo es inestabilidad política, enfrentamientos entre étnicas, conflictos con la población por la elevada presión fiscal, y los enfrentamientos con los reinos cristianos del norte peninsular. Ante esa situación se empieza a desmoronar el sistema califal, se produce la división del Califato en lo que hoy llamamos “reinos de Taifas”. Es el fin del esplendor de Al-Andalus.


[1] AL-MARRAKUSI, IBN IDARÍ. Historia de Al-Andalus, Aljaima ediciones, Málaga, 1999. ( Traducción de Fernando Fernández González).

[2] Idem

[3] AL-MARRAKUSI, IBN IDARÍ. Historia de Al-Andalus, Aljaima ediciones, Málaga, 1999. ( Traducción de Fernando Fernández González).

[4] AL-KARBABUS, Historia de Al-Andalus, Akal ediciones, Madrid, 2008. (Traducción de Felipe Maillo Salgado).

[5] AL-KARBABUS, Historia de Al-Andalus, Akal ediciones, Madrid, 2008. (Traducción de Felipe Maillo Salgado).

[6] GARCÍA DE CORTAZAR, J, y SESMA MUÑOZ, J. Manual de Historia Medieval, Alianza Editorial, Madrid, 2008

[7] SORAVIA, B, y GUICHARD, P. Los reinos de Taifas: Fragmentación política y esplendor cultural. Editorial Sarriá,  Málaga, 2006.

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