Etiquetas

, , , , , , , , ,

 JANSENISMO Y REGALISMO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII

Por

Héctor Linares González

Universidad Autónoma de Madrid

 

Tesis y objeto de estudio

En la obra del doctor Lazcano se analiza la figura del intelectual Manuel Fraile Miguélez, gran estudioso de la obra Jansenista en nuestro país. Hace un estudio sobre el regalismo y el jansenismo. Parte del estudio de la persona del autor, su obra, y tras ello comienza analizando el origen y la problemática del jansenismo. Trata la cuestión jansenista desde su formación con Jasenio, como también su desarrollo con autores como Quesnel y el fomento de la doctrina en el monasterio de Por-Royal. El autor trata el fenómeno jansenista en España: implantación y problemática a través de la figura del cardenal Noris, para pasar a problema del regalismo y el jansenismo. Muestra la oposición feroz al jansenismo por parte de la Inquisición y la orden de Jesús, a raíz de ello muestra también la expulsión de los jesuitas por Carlos III, y su abolición en 1773. La obra de Miguélez se considera la principal fuente para el estudio de la relación entre el jansenismo y regalismo español.

COMENTARIO DE LA OBRA

CARLOS III

Carlos III de España. El Rey ilustrado de cacería.

El autor comienza hablando de la biografía del autor, Don Manuel Fraile de Miguélez, un gran estudioso de la obra Jansenista en nuestro país. Comienza hablando de sus datos personales, el donde nació y donde estudió, como el Colegio de los Filipinos de Valladolid. A los 16 años entra a formar parte de la orden de los Agustinos. En 1885 comienza a estudiar teología en el Monasterio de Santa María de la Vid, en Burgos. Fraile Miguélez ingresó en la Orden Agustiniana, y tras finalizar los estudios eclesiásticos, trabajó en la revista de la Ciudad de Dios en el Real Monasterio del Escorial y a su vez, fue censor eclesiástico y colaborador del periódico católico, El Universo. Pero su obra más famosa sin lugar a dudas es el Jansenismo y Regalismo en España (1895). Es uno de los grandes exponentes del pensamiento jansenista en nuestro país. Los orígenes del Jansenismo son el siguiente punto que trata el autor en la lectura. El Jansenismo presenta al menos dos significados, uno teológico y otro histórico. En sí el Jansenismo surgió como una cuestión teológica totalmente, cuando la Iglesia afrontaba la relación entre el hombre y Dios. Ante esa relación surgen cuestiones a las que hay que responder. Las preguntas son muchas, pero algunas de ellas son: ¿Cómo conciliar la transcendencia absoluta de Dios y la gratuidad libre de la gracia?. ¿Qué parte tiene la gracia y qué parte tiene el hombre en la obra de la justificación?. Cuando se abordan algunas de estas cuestiones tenemos que pasar a revisar los antecedentes históricos del propio Jansenismo. Estos los encontramos en el humanismo renacentista, en la teología de Martín Lutero, y en el pensamiento de predestinación de Juan Calvino. Otro de los orígenes del Jansenismo se encuentran en los Concilios de Trento. La sesión VI no resolvió el problema solo se dijo que existía el libre albedrío que la gracia era necesaria para la salvación humana. Por ello los teólogos se siguieren cuestionando la relación de la liberta y la gracia. Otro impulsos desencadenantes del jansenismo los encontramos en la publicación de las obras de San Agustín, en la obra de Erasmo de Rotterdam, y en las del teólogo Miguel Bayo, el cual afirma que el honre no tiene fuerza para obrar el bien. La polémica jansenista se manifiesta en una realidad histórica muy adversa. La cuestiones era la concepción de la liberad humana con la omnipotencia divina y la de un dios todopoderoso.  La escuela de los jesuitas –molinismo- tomará el camino de la defensa de la libertad del hombre y de su voluntad humana. El Jansenismo afirma la debilidad y la miseria del hombre sin un Dios, en el plano moral como en el religioso. Desde 1641 se una el término Jansenismo para referirse a los defensores del pensamiento del obispo Ypres Cornelio Jansenio, y de su obra “Augustinus” ( 1640, Lovaina). Este propone la doctrina de una gracia eficaz en la que la libertad humana quede en entredicho. Otros dicen que el pensamiento de Jansenio expresa el auténtico pensamiento de San Agustín de Hipona, y decidieron tomar partido contra los molinistas. La Iglesia pronto condenó al Jansenismo en la Bula In eminenti ecclesiae de Urbano VIII, en el año 1642. Es decir, cuando se publicó la obra. También lo condenó Inocencio X en 1653 con la Bula Cum ocassione.   El siguiente punto a analizar es uno de los grandes focos de la construcción y difusión del Jansenismo en Europa. Este fue el Monasterio de Port-Royal des Champs. La obra Augustinus se extendió en gran medida gracias a la ayuda de un amigo de Jansenio, el Abad de Saint Cyran, J. D. De Hauranne, director del Monasterio de Port-Royal des Champs. En este monasterio se promovía un movimiento rigorista promovido por los hermanos Arnauld. En la línea del estilo de vida de este monasterio se sitúan las cartas provinciales de Blas Pascal, unas cartas en defensa de la propuesta moral del jansenismo. El pensador francés aboga por una Iglesia más pura, sobria, y evangélica, en contraposición con lo que defendían los jesuitas. Era una cuestión teológica, pero también religiosa y política.   Aranuld acepta el derecho de la Iglesia a condenar las proposiciones del Jansenismo, pero al no encontrarse estas en el Augustinus, concluye que no se puede entonces condenar al Obispo Ypres. Arnauld no quería ser considerado hereje, el quiere seguir en la Iglesia, por ello defiende un pluralismo teológico que lleva intrínseco la relativización y cuestionamiento de conceptos en la teología y la eclesiología. Con la obra de Quesnel, nuevo líder de los Jansenistas, la polémica se reaviva en Francia. La concepción jansenista se iba convirtiendo en un verdadero movimiento eclesiástico con implicaciones políticas muy importantes. Le reprochan amplias cuestiones a los jesuitas, como su laxismo en la teología moral, y las rígidas condiciones para acercarse a los sacramentos. Se quiere recuperar la ascética más exigente. Los errores de Quesnel serán condenados por Clemente XI, en la Bula Unigenitus.   Pero una gran cantidad de Obispos apoyaran a Quesnel y su obra, como el Obispo de París. En 1718 serán excomulgados todos ellos. El poder político consideraba a los Jansenistas un partido rebelde a la autoridad. El Rey Luis XIV de Francia, quiso y presionó a los Obispos franceses para que condenasen abiertamente el Jansenismo. El Papa Clemente XII ordena la supresión y demolición en 1710 del Monasterio de Port-Royal de París. Con la Bula Unigenitus se convirtió en Ley del estado de Francia en 1730 y con ello se puso fin al movimiento jansenista, aunque sobrevivirá en Holanda. El problema jansenista proyectaría rápidamente nuevas consecuencias en la práctica eclesial. El modo de entender la gracia y el libre albedrío se trasladará a la política. Los reyes intervinieron de manera directa en la interpretación de la Bula Unigenitus, así como en la compresión del Jansenismo como fenómeno: un problema tanto teológico, como religioso y político. En el siglo XVIII la posición jansenista se aplica a una elite cultural reducida y combativa. El hombre se encuentra ante el dilema de elegir entre la razón y la fe, lo sobrenatural y lo natural. La Iglesia por su parte daba respuestas que no eran unívocas. Los jesuitas confiaban en las posibilidades del hombre regenerado por la gracia. Ellos piensan en el optimismo, buscan un humanismo cristiano, y buscan conquistar nuevos ideales. Esta visión nos lleva al molinismo, y al probabilismo de a casuística jesuítica. En el ultimo tercio del siglo XVIII comenzó un periodo de crisis generalizado. Se dieron revoluciones como la de América o la francesa. La parálisis era general y afectaba también a la moral. Un grupo social formado por intelectuales con motivos e intereses diferentes formaron el pacto sagrado. Su objetivo era la aniquilación del fenómeno jesuítico. En 1773 la Compañía de Jesús fue abolida. Los ilustrados se quitaron un gran peso de encima. El ilustrado defendía su oposición al modelo de conocimiento unitario, donde la teología marcaba las directrices y límites del saber. Los ilustrados defendían la autonomía del conocimiento y el uso crítico de la razón. Se comenzó a postular una razón como criterio de verdad. Los Jansenistas sintieron un malestar por el incremento de la incredulidad filosófica. Los ideales jansenistas de este periodo están resumidos en el sínodo de la Pistoya de 1786. Se estaba gestando una nueva filosofía. El movimiento jansenista se iba vaciando de su problemática teológica para introducirse en los bulliciosos mundos de la política y la justicia. El jansenismo teológico carecía ya de interés, y daba paso al jansenismo económico, político y jurídico, entendido como un movimiento que coincidían con una mentalidad y espiritualidad orientadas hacía la renovación eclesiástica dentro del espíritu cristiano crítico.

jansenio

Pintura que representa al fundador del Jansenismo: Jansenio.

El jansenismo se oponía al centralismo de las órdenes religiosas dotadas de una organización suprarregional. Quería el desarrollo de las Iglesias nacionales, de las diócesis y las parroquias particulares. El Jansenismo empezó a ganar adeptos en las esferas del estado. El jansenismo veía a las órdenes como un peso para la sociedad. Se requería un nuevo sistema, una reforma y renovación. Se necesitaban entre otras cosas un nuevo sistema económico y tributario. Era la situación propicia para la intervención del estado, dado que la Iglesia por si misma no se renovaba. Algunos sectores de la Iglesia aplaudían al estado en su papel de transformación de la sociedad del antiguo régimen, aunque choques no faltaron, sobre todo en el papel educativo, cultural y económico-administrativo.   El caso del jansenismo español viene marcado por el Cardenal Noris. En España no llegó un Jansenismo como el de Port-Royal de París. No teníamos la influencia directa de la obra Augustinus, ni se veían debates del calibre de Quesnel en los pensadores españoles. Tampoco encontramos trazadas breves líneas a modo de apuntes que nos hagan cerciorarnos de la presencia de un movimiento jansenista en España. Lo que si vemos es la teología de escuela. En las universidades y en los tratados de gracia se enseñaba y escribía contra el jansenismo y se comentaba la Bula Unigenitus. Así lo hizo en su obra el benedictino Manuel Navarro Céspedes, donde trata la polémica teológica jansenista, y rebate las opiniones de Quesnel y del cardenal Noris, sentenciando que éste no entendió la doctrina ni la mente de San Agustín de Hipona. La excepción de la ortodoxia doctrinal y literatura de oposición se encuentra en el profesor Antonio González Rosende, autor de una obra jansenista, Disputationes theologiae: De Peccato originali. Lo cierto es que la Inquisición hizo que nadie conociese la obra de este autor, de hecho, no ha llegado a nuestros días. El profesor Navarro dice en su obra que el Cardenal Noris defiende doctrinas en la forma y contenido de Jansenio y Quesnel. Lo cual podía hacer que se acusase a Noris de heterodoxia. El maestro Navarro originará en Salamanca, una tensa y marga controversia entre el benedictino navarro y el agustino Pedro Manso. En su defensa Mansó redactó una obra de defensa de Noris, y Navarro le replicó con otro escrito, al que dio respuesta Manso ese mismo año. En todos los escritos Manso impugna la campaña abierta contra Noris. En medio de esta lucha entre tomistas y molinistas, y regalistas y jansenistas, la Inquisición abrió expediente de la obra De Virtutibus infidelium, al mismo tiempo que incluía la obra en el índice de libros prohibidos. Este índice era realizado por dos miembros de la orden de Jesús. Noris y Manso fueron condenados por la Inquisición aunque sus escritos rechazaban las teorías de Jansenio y Quesnel. Detrás de esta decisión de la inclusión de la obra de estos dos autores en el índice prohibido estaban los jesuitas. Ellos controlaban el Santo Oficio. Parece ser que la orden de la inclusión en la lista prohibida se dio sin el conocimiento del Inquisidor general, y del Consejo del Santo Oficio, según dijo el sucesor de Rávago. Benedicto XIV hizo saber de su sorpresa al inquisidor general cuando vio en el índice de libros prohibidos la obra de Noris, que en la Iglesia se le consideraba un buen teólogo. Pero la publicación de la Bula Unigenitus dio motivo de nuevo para atacarlo, puesto que ciertos aspectos de su pensamiento coincidían con los de Quesnel. El jesuita José Carrasco propició la inclusión de sus obras en el índice de libros prohibidos. La historia pelagiana de Noris fue tachada de jansenista cuando era inquisidor general Francisco Pérez de Prada. Esta decisión fue criticada con dureza por Mayans. El enfrentamiento entre los jesuitas y el Papa Benedicto XIV, hizo que este declarase nula la censura de las obras de Noris, a través de dos breves. En el primero de ellos el Papa permitía la existencia de varias escuelas de pensamiento: tomista, molinista, y agustiniana. Sin embargo, al mismo tiempo, el jesuita Ignacio Osorio publicó en 1750 una obra donde justificaba la obra de Noris como obra prohibida. También lo hizo Rávago, el cual se consideraba anti-jansenista. Este mismo jesuita indica que la inquisición española procede en sus juicios de forma independiente de Roma en cuanto a la prohibición de libros. Después de una década, la Inquisición mandó quitar la Historia de Noris del índice, por presión papal. Fue una derrota de la Inquisición española frente a Roma.   Por otro lado, Pedro Manso entró en polémica con el benedictino Navarro para defender a su hermano de escuela teológica, el Cardenal Noris. El caso del Cardenal Noris llegó a convertirse en una cuestión de estado. Lo que estaba en juego no eran las doctrinas jansenistas, sino el regalismo, el poder regio, y la autoridad de la Inquisición española sobre el Papado y la Iglesia de Roma. El jansenismo dogmático no creció en España, por ello solo puede hablarse de un jansenismo español. Los jesuitas no dudaron en declaran jansenistas a los agustinos Noris y Manso, autores ortodoxos y totalmente regalistas. Por otro lado, la Inquisición en manos de un rey absoluto, no era más que un simple juguete. La inquisición española estaba iniciando sus pasos agónicos de muerte, iniciado en el periodo del regalismo de Carlos III.   Si el jansenismo y el regalismo habían seguido líneas diferentes durante buena parte del siglo XVIII, ahora se vincularan a raíz de la muerte de José de Carvajal y Lancaster, la destitución de Ensenada, y el cese de Rávago. Cuando Carlos III llega al trono de España la política cambia, toma una nueva dirección. Carlos III era un Rey de ideas totalmente regalistas, y piensa que la orden de Jesús no es necesaria en la sociedad moderna. Los nuevos teóricos que llegaron al poder defendían la tesis del absolutismo monárquico y del derecho divino. Se produce un fomento del regalismo y de la idea Jansenista. Estos pensadores jansenistas del siglo XVIII querían una Iglesia austera e ilustrada. Buscaban el poder y autonomía de la Iglesia local y nacional frente al poder universal del Pontífice de Roma. El jansenismo tardío defiende el regalismo en la política. Las regalías, los derechos que el estado decía tener en cuestiones eclesiásticas se identificaban con el carácter jurídico del jansenismo, el cual intentaba combatir el poder del Pontífice de Roma. Se quiere reforzar el poder del Rey en materia eclesiástica, e independizar a la Iglesia de España del poder de Roma. Se busca, como se ha dicho, una Iglesia reformada y no tan riqueza y fastuosa, sino más primitiva, quiere que todo se reduzca al ámbito espiritual. Se buscaba que el Rey fuera el Vicario de Dios en el reino de España, que fuese la cabeza de la Iglesia nacional, como ya lo era el Rey de Inglaterra en las Islas Británicas, ese era el pensamiento regalista. El jansenismo siempre fue opuesto a las ideas de los Agustinos.   Un suceso importante que la guerra de sucesión española, en la que las relaciones entre España y la Santa Sede se congelaron, e incluso se empeoraron cuando el Papado se mostró ambiguo en la cuestión sucesoria. De hecho, el Papa llega a apoyar al pretendiente de la Casa de Austria, frente al legítimo heredero, Felipe de Anjou. Ante este hecho, Felipe V reacciona en contra del Papado cortando las relaciones con Roma.   Con ello, los gobiernos borbónicos se propondrán controlar la Iglesia española y utilizarla como un instrumento del poder del estado, para dirigir la cultura y la sociedad española. En 1737 se firma un Concordato entre España y la Santa Sede, pero éste no lima las asperezas que se habían creado en la guerra de sucesión. No se contentaron ninguna de las dos partes, para Roma no fue beneficioso, y en España no contentó nada a los regalistas. Con la muerte de Felipe V en 1746, y la llegada al trono de Fernando VI, se firmó otro Concordato, el de 1753. Se dio entre España y el Papa Benedicto XIV, y el intermediador fue monseñor Manuel Ventura de Figueroa. Con este nuevo tratado se reconoce a España el derecho universal de Patronato en todas las Iglesias y beneficios. Con esto, el regalismo en el gobierno de Fernando VI se basó en hacerse con las riquezas de la Iglesia para satisfacer las necesidades del propio Estado. De fondo estaba también la cuestión de la independencia de la Iglesia española de Roma.   De estos puntos luego veremos las desamortizaciones eclesiásticas y el intento de cisma eclesiástico en el gobierno de Carlos IV. La Corona de España buscaba tener el control político y económico, así como el espiritual, a través de la unificación de la autoridad del Estado del Reino de España     Los ministros ilustrados y las personalidades reformistas no veían bien al clero regular, dado que sabían que estaban totalmente sometidos a la Iglesia de Roma, y un ejemplo eran los jesuitas que habían creado un estado dentro de un estado “Dicen que solo obedecen a su general y al Papa”. Aunque fue la Orden que más desconfianza creaba entre los ilustrados, era una de las ordenes que más poder tenían tanto en España como en América, y que cuya labor, por ejemplo, en campos como la educación era muy importante. Los jesuitas dirigían además la política eclesiástica española, y tenían bajo su mando la cúpula del tribunal del Santo Oficio. Su influencia en la Corte era también enorme. Por eso derribar la Orden de Jesús era una tarea muy complicada. Pero iban ganando impopularidad a la vez que ganaban poder. Con la época de las malas cosechas y la crisis agrícolas se dio el motín del Marqués de Esquilache, Leopoldo de Gregorio, en 1766. Se produjo una conspiración para que se cambiase al ministro Esquilache. La nobleza y el Clero tenían una imagen terrible de los ministros de España, precisamente por su afán de colocar ministros españoles en las carteras importantes, cosa que Carlos III no había hecho. Aunque se ha probado que la Compañía de Jesús no actuó en el motín de Esquilache, fue el catalizador de criticas y argumentos para poder proceder a su expulsión del Reino de España. El Estado acusó a la Orden de Jesús de profesar pensamientos anti-absolutistas. La expulsión se realizo, con el objetivo último de librar a España de una Orden que poseía un poder e influencia enorme en la población, y que se constituía como una barrera a las reformas y a la política ilustrada de Carlos III. Los jesuitas tuvieron que marcharse a las Indias y otros se refugiaron en Córcega. Tras la expulsión la Corona llevará a cabo una empresa reformista acorde con la nueva mentalidad regalista e ilustrada.     Algunos de los primeros historiadores que estudiaron e investigaron el jansenismo y su vinculación con el regalismo, fueron el gran historiador modernista Marcelino Menéndez Pelayo, con su obra Historia de los heterodoxos, y nuestro autor principal, Manuel Fraile Miguélez. El primero de ellos recoge en su obra una visión del regalismo español bastante marcada por el estereotipo. Muy influenciado por el racionalismo ilustrado de corte galicano. La relación entre el regalismo y el jansenismo del siglo XVIII en España preocupó mucho a los historiadores modernistas. Se preocuparon en estudiar y analizar ese jansenismo, que se iba proyectando a través de determinadas actitudes morales, nuevas propuestas eclesiológicas, y determinadas acciones y pensamientos políticos. Miguélez escribe sus 10 cartas, donde presenta y muestra una separación en las corrientes. El objetivo e su obra era el aportar datos para aclarar la historia y origen del jansenismo y el regalismo español. Aunque el Jansenismo defendió siempre el regalismo, desde el jansenismo más dogmático jamás se desarrolló ninguna obra u escrito donde se defendiera el regalismo. En la gran obra de nuestro autor, Miguélez, Jansenismo y Regalismo, muestra un estudio bastante documentado. Se quería defender la orden de los Agustinos españoles, que fueron tachados de jansenistas. Se dice que no hubo jamás en España un jansenismo dogmático, pero si se dice que este jansenismo español si fue el precedente del regalismo.     En conclusión, vemos como el jansenismo fue una corriente que se revitalizó durante el siglo XVIII en Europa, y digo en Europa porque el Jansenismo en España no fue precisamente el que se dio como debate teológico o religioso en Europa, sino que llegó más bien en su versión política. El jansenismo se crea en el siglo XVI como un problema teológico. En el siglo XVI se crea el problema de Lutero, después de que Lutero crea un cisma en la Iglesia, vuelven a resurgir los debates Jansenistas. Tras ello llega Juan Calvino y lo refrenda en sus instituciones cristianas y en su obra, donde incluso apoya el tiranicidio, y dice que el poder debe estar en las Iglesias locales y no en el Papa. Los jesuitas y los dominicos se pelean en cuanto a la interpretación de la doctrina. Pero con el Jansenismo sale el problema de si el ser humano es libre y puede o no puede hacer el bien. Este debate pronto se traslada de la teología a la religión, y de ella a la política y a la teoría del Galicismo y el Regalismo. Dentro del Jansenismo encontramos corrientes que defienden el regalismo y otras que no. A España llega así, llega como un problema político, llega simplificado. A finales del siglo XVII había tres corrientes: las que defienden los errores condenados en las bulas papales; los que defienden el regalismo, y los que están contra los jesuitas. En el siglo XVIII en España el jansenismo tiene que ver con el regalismo y con la aptitud de los jesuitas. El jansenismo propugna el poder de los reyes, y el episcopalismo, estas cosas que parecen no muy claras, en realidad son peleas políticas que hay de fondo. Carlos III se aproxima a personas que tienen más que ver con el jansenismo. El intenta seleccionar obispos afines a estos planteamientos. Los Jesuitas estaban cercados en la España del siglo XVIII por sus pensamientos más holgados en cuanto a la actuación y el pensamiento, además de que los monarcas estaban más cómodos con una Iglesia jansenista.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

LAZCANO. R. Jansenismo y Regalismo en España: Miguel Miguélez. ( Múltiples ediciones).

PUEDE INTERESARLE:

Video acerca del Jansenismo y el regalismo.

ARTÍCULO REALIZADO POR:

Héctor Linares González.  Director del Blog.

Héctor Linares González.
Director del Blog.

Anuncios