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SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS ENTRE LAS INDEPENDENCIAS IBEROAMERICANAS Y LA INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Por

HÉCTOR LINARES GONZÁLEZ

Universidad Autónoma de Madrid

SIMON BOLIVAS

El líder revolucionario latinoamericano Simón Bolivar.

El proceso de independencia de los estados de América del sur tiene una serie de rasgos comunes con la independencia de los Estados Unidos, pero también unas características especiales que las diferencian con la independencia norteamericana. Muchos autores han analizado las independencias hispanoamericanas llegando a la conclusión de que hay unas características que se comparten con la primera independencia americana. Una de las grandes semejanzas es la formación de las élites independentistas en la metrópoli, y los personajes que llevaron a cabo las distintas revoluciones nacionales. Los colonos estadounidenses que propusieron la independencia y la llevaron a cabo eran los llamados “colonos a la inglesa”, es decir, la élite burguesa que había estudiado en universidades inglesas durante el siglo XVIII. Habían adquirido la formación superior en la madre patria, y había bebido de la filosofía de la época. La filosofía de la ilustración había calado hondo en estos colonos burgueses, tanto, que cuando llegaron a las colonias pusieron en marcha este programa reivindicativo contra la metrópoli para ganar derechos en las colonias. En Iberoamérica se dio un proceso exactamente igual. Las élites revolucionarias habían viajo a España para formarse en las universidades. Personajes como Bolivar, o San Martín habían pasado estancias de estudios y formación en Madrid. Eran los colonos formados en la educación y cultura española los que vieron en la independencia la mejor de las salidas.

Los que realizan la independencia son una burguesía muy ligada a Inglaterra y a España. Son grupos sociales muy individuales. Son grupos muy apegados a la religión, en el caso de América del norte son partidarios de mantener el calvinismo en el trabajo. La que realiza la revolución en EEUU es la burguesía colonial a la inglesa. Son personas que han estudiado en Europa, que han leído a autores como Locke. Tienen ideas liberales y pre-democráticas. Apoyan la obra de A. Smith[1], y de D. Ricardo. Lo que verdaderamente quieren es que su expansión comercial y económica siga produciéndose, pero la metrópoli se lo niega, y por ello se produce la revolución. Tanto Inglaterra como España tienen esquemas de metrópoli clásica. Son las colonias las que producen materias primas que deben ir a las metrópolis, vendidas a bajo precio por el monopolio comercial que ejercen ,y allí son convertidas en productos manufacturados. Los colonos ingleses querían poder tener manufacturas en las colonias, pero Inglaterra, como España, se negarán a tal petición que rompe los esquemas tradicionales de la economía colonial. Al leer y conocer la obra de A. Smith comienzan a creer en la libertad comercial de cada individuo, y que la suma de las riquezas individuales creará la riqueza colectiva. La libertad es algo que necesitan, pero que Inglaterra y España no les proporciona. Se empiezan a dar las ideas de auto-gobierno en América. Además Inglaterra no permitía a los colonos ingleses realizar la conquista del oeste, algo que ansiaban. Todos estos factores, más la gran subida de aranceles e impuestos por parte de Inglaterra, como la ley del té o la del timbre, crearán un caldo de cultivo proclive a la independencia. En cuanto a lo político, Inglaterra se negará a dejar participar en la vida política a los colonos, que debían tributar igual que cualquier inglés, pero sin ser oídos en el parlamento de Londres. En el caso de América latina el problema era parecido, en cuanto a las manufacturas y el monopolio del comercio era una situación igual que la norteamericana, pero en la representación política no. Es cierto que hasta el gobierno de Carlos IV América no tenía casi voz en Madrid, pero con la Constitución de 1812 se dejó participar a los colonos de América latina en las Cortes españolas. Lo cual diferencia el proceso en Estados Unidos y en América latina. .   Se dijo, en el Congreso de Provincias Unidas de Sud América, en 1816, que entre los motivos eraba “la degradación de sus naturales”[2] en el sistema monárquico español. No se refería a los naturales “antiguos propietarios del país” como Yanes y Mendoza dijeran, sino a los euroamericanos, los únicos que se veían habilitados para formar gobierno en América. Otra diferencia es que América latina justificó su independencia, entre otras factores, a una crisis de la monarquía hispánica, algo que en EEUU no se puede decir, dado que la monarquía inglesa no estaba en crisis de ningún tipo. España estaba en una crisis política muy importante debido a los vaivenes que se producían en la Corona, y que con la invasión francesa aumentaron. Cuando Hidalgo[3], líder revolucionario en Nueva España, fue interrogado por los motivos que tuvo para afirmar que el gobierno español era tiránico, y que ponía en peligro la religión de los americanos, confesó no tener un “raciona fundamento” para ello, pero si un convencimiento moral de la ventaja de la independencia para preservar el reino de caer en manos extrañas, especialmente de la impía Francia.

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Representación de una típica familia criolla en Hispanoamérica. Siglo XVIII.

La construcción del nuevo estado de América del norte se construyó desde el pasado, no interesaba borrar los años del gobierno colonial inglés en los Estados Unidos, sino construir un estado nuevo sin olvidar ese proceso que les había marcado. No olvidar su historia. Alexis de Tocqueville lo deja ver en su obra cuando dice “Norteamérica es el único país donde se puede asistir al desenvolvimiento natural y tranquilo de una sociedad, en que es posible precisar la influencia ejercida por el pinto de partida sobre el porvenir de los estados[4]. Los colonos estadounidenses jamás renegaron de la historia que les precedió, ni de la propia metrópoli, solo querían la independencia y ganar derechos, pero no se produjo odio hacia Inglaterra. Por parte de Inglaterra tampoco se dio es sentimiento. De los labios de Jorge III se pudo escuchar que Inglaterra sería la última potencia en reconocer la independencia de los Estados Unidos, pero una vez que se produzca, Inglaterra sería la primera aliada de ese nuevo estado. Sin embargo, en el caso iberoamericano, si se dio un sentimiento de amplio rechazo a todo lo que tuviera algo que ver con lo español. Se quiso olvidar la etapa colonial, vista como una época ominosa de la historia de Iberoamérica. Según Pérez Herrero[5], América latina veía a España como un tirano opresor de la voluntad americana, y por ello tenía la obligación de demostrar que América latina se había desvinculado de sus anclajes tradicionales hispánicos que lastraban su desarrollo. Fue así como las batallas de principios del XIX fueron concebidas como guerras de depuración que sepultaban para siempre las hipotecas del pasado y abrían las puertas del futuro. Iberoamérica renegó de su historia colonial al crear sus nuevos estados nacionales, A. Tocqueville lo refleja en su obra cuando afirma “A medida que envejecen las naciones americanas, es cuando de verdad se atreven a contemplar su cuna. El tiempo la había envuelto en una nube, y la ignorancia y el orgullo la rodearon de fábulas, tras las cuales se ocultaba la verdad”[6]. Además es tajante y piensa que es un error olvidar la historia colonial de las naciones, y lo muestra así en su libro “Los pueblos se resienten siempre de su origen, las circunstancias que acompañaron a su nacimiento y que sirvieron a su desarrollo influyen sobre todo el resto de su vida[7].  Según Pérez Herrero, la historiografía nacionalista interpretó durante décadas que la nación americana se forjó con el convencimiento pleno de toda la ciudadanía americana, que optó de forma unánime por la independencia a comienzos del siglo XIX. Todo ello para superar las estructuras opresivas estamentales de Antiguo Régimen que España imponía a Iberoamérica. Pero las últimas investigaciones ha concluido que es cierto que participó toda la ciudadanía en el proceso de independencia, de distinta forma claro, pero también han demostrado que no todos los grupos sociales Iberoamericanos sufrían el “yugo” de la madre patria. No puede interpretarse que grandes conjuntos de la sociedad fueran victimas del sistema imperialista español, y que se levantaran al sentir que había despertado el nacionalismo americano dormido, pero latente desde el pasado. Los investigadores encuentran fallos en el discurso, pues las élites, que fueron las protagonistas de la independencia, no es que fueran victimas de la tiranía española. La investigadora Inés Quintero[8] ha subrayado que este proceso de independencia se hizo pensando solamente en el porvenir de las élites políticas y comerciales de Iberoamérica, que fueron las que realmente se beneficiaron de la independencia, dado que el resto de la población no es que mejoraran significativamente.

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A. de Tocqueville. Autor de la célebre obra “La democracia en América”.

En cuanto a la filosofía que caracterizó la formación de los nuevos estados hay grandes diferencias. Estados Unidos bebió de la filosofía de la ilustración y de la filosofía y teoría clásica. Estados Unidos concibió un estado clásico, una democracia teniendo como modelo la democracia griega de Atenas. El sistema estaba basado en esa idea idílica de la democracia ateniense. En un primer momento se pensó en crear una monarquía, pero se abandonó la idea. Eso es algo en lo que se diferencia de Iberoamérica, que radicalmente se negó desde un primer momento al sistema monárquico, pues simbolizaba la tiranía de la metrópoli. La creación de las repúblicas eran también un método de separación entre España y las nuevas naciones de América latina. Este tipo de ideas clasicistas se vieron plasmadas no solo en la teoría política estadounidense, sino también en la arquitectura de la época. Se puede ver como los capitolios del momento están construidos en estilo clásico, recordando la antigüedad griega clásica. Un libro perfecto para analizar esta primera etapa de los Estados Unidos es “la democracia en América” de A. Tocqueville. En esa obra, Tocqueville afirma que el cristianismo fue fundamental para la creación del republicanismo representativo en América, aunque creando un estado laico, se apoyaron en valores cristianos a la hora de crear esos nuevos estados. También analiza el “fracaso” del republicanismo en los demás países de América. En Iberoamérica algo que llevaron los españoles y que en ningún momento se repudió fue la religión cristiana, que sigue siendo un pilar fundamental en la sociedad de América latina. Incluso en los partidos de izquierda más radical se respeta la religión cristiana, algo que ocurre también en Estados Unidos. En los países Iberoamericanos la filosofía que se siguió para encontrar el camino de la independencia fue sobre todo la filosofía de la ilustración que propugnaban el constitucionalismo, la división de poderes, la soberanía nacional, y la igualdad ante la ley. Un elemento que no tendrá EEUU en su independencia es tener un ejemplo a seguir que las naciones iberoamericanas si tendrán. La independencia de los Estados Unidos será un hito que marcará un antes y un después y que animará a las regiones iberoamericanas en su proceso de autogénesis nacional. Recientemente se ha producido un revisionismo de los argumentos e ideas que tradicionalmente se han dado para la independencia de los países iberoamericanos, y se han llegado a nuevas conclusiones. Los argumentos que utilizaron para poder desvincularse de España han sido analizados recientemente por investigadores como Manuel Giménez Fernández o Carlos Stoetzer, y ambos demostraron que muchas de las ideas manejadas por los pensadores americanos para explicar y legitimar la independencia de América Latina no procedían de Francia, ni de Inglaterra, o Estados Unidos, sino de los pensadores neo-escolásticos españoles del siglo XVI, y de autores como Feijoo, Cavanilles, Jovellanos, o Cabarrús. Nettie Lee Benson[9] demostró en su obra las relaciones existentes entre las ideas políticas del primer federalismo mexicano y las Cortes de Cádiz, poniendo de manifiesto la existencia de un pensamiento hispánico que conectaba ambas orillas del Atlántico. Hace poco investigadores como Jaime E. Rodríguez[10] y Mónica Quijada, han analizado la gran importancia del pensamiento escolástico de pensadores como Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias, Domingo de Soto, Luis de Molina, Juan de Mariana, Francisco Suárez y Fernando Vázquez de Menchaca, para la construcción de las ideas que se manejaron en el ámbito atlántico en el momento de las independencias. Personalidades como Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Lucas Alamán, José Victorino Lastarria, han puntualizado que al temer el desorden generado por los esquemas de la revolución francesa, las élites latinoamericanas optaron por el gradualismo y la relectura de autores clásicos de la tradición hispánica, sin dejar de ser por ello defensores confesos de la independencia de América Latina.

Algo que comparten ambos procesos de independencia es la marginación de la población indígena. Estas masas indígenas fueron negadas de capacidad alguna de participación en la revolución independentista, pues se las veía como un elemento de atraso de la sociedad. Fueron negadas y marginadas hasta mediados del siglo XIX cuando se empezó a realizar un revisionismo y se produjo entonces el auge de la raza indígena como búsqueda de la legitimación histórica del proceso nacional, además de constituir la construcción de un ideal cultural basado en estas sociedades pre-hispanas. En los Estados Unidos ese punto de revalorización de lo indígena no se producirá nunca, será permanente esa marginación total de lo indígena. Hoy en día los pocos indios americanos que aún quedan en los Estados Unidos viven en reservas protegidas cuya gran actividad económica es el turismo. En este sentido si se puede realizar un paralelismo con algunos países de Iberoamérica, pero no como proceso generalizado. Países como Argentina o Chile si realizaron una política de marginación del indígena durante gran parte del siglo XIX, nunca dejaron de ver al primitivo habitante de América como un atraso para la sociedad que querían crear. En Chile y Argentina incluso se dieron masacres de indios, y hoy los pocos que quedan están en la misma situación que los indios americanos, en reservas que viven del turismo, como pueden ser los indios mapuche en Chile. El proceso de marginación en Iberoamérica se explica muy bien en el libro de José María Portillo Valdés[11] Crisis atlántica: Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispánica. En este libro se afirma que en Iberoamérica se dieron dos naciones enfrentadas. Los pueblos indígenas eran vistos como pueblos incultos y no civilizados, que no entraban en absoluto en la cuenta e naciones con capacidad política propia. Se produce entonces una gran división social y cultural: la Iberoamérica criolla, y la indígena. Usemos las palabras de Camilo Henríquez “Fijando los ojos sobre los habitantes de nuestras Américas, los vemos divididos en dos clases de hombres, diferentes en carácter, en temperamento, en vicios, en virtudes, y en costumbres”. Es la línea que divide a los “españoles, criollos, o americanos” de los “indígenas antiguos habitantes de América”. Estos indígenas, según las élites a la española, seguían en la incultura y barbarie y tal cosa les inhabilitaba en la lógica del único derecho de las naciones que Camilo Henríquez conocía para constituir una nación. Los único que tenían la capacidad de crear y dirigir un nuevo estado eran aquellos de orígenes europeos, era la américa criolla. En Estados Unidos ese proceso de marginación, como hemos dicho, siguió hasta hoy en día, y jamás han actuado en la vida política. En los países Iberoamericanos si han participado de forma activa, sobre todo en el siglo XX, una vez aceptados los derechos de los indígenas como patrimonio de la cultura de Iberoamérica y de los orígenes americanos de las actuales naciones.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

  • TOCQUEVILLE, A. La Democracia en América, Trotta ediciones, Madrid, 2010.
  • PORTILLO VALDÉS, J.M. Crisis atlántica: Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispánica, Marcial Pons Historia, Madrid, 2006
  •  PAREDES, J. Historia Universal Contemporánea, Ariel Historia, Barcelona, 2010.

ARTÍCULOS DE REVISTA:

  • PÉREZ HERRERO, P. “Las Independencias americanas: reflexiones historiográficas con motivo del bicentenario” en Cuadernos de historia contemporánea, (2010). Vol. 32, Pp. 51-72.

REFERENCIAS:

[1] PAREDES, J. Historia Universal Contemporánea, Ariel Historia, Barcelona, 2010.

[2] PORTILLO VALDÉS, J.M. Crisis atlántica: Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispánica, Marcial Pons Historia, Madrid, 2006.

[3] PORTILLO VALDÉS, J.M. Crisis atlántica: Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispánica, Marcial Pons Historia, Madrid, 2006

[4] TOCQUEVILLE, A. La Democracia en América, Trotta ediciones, Madrid, 2010.

[5] PÉREZ HERRERO, P. “Las Independencias americanas: reflexiones historiográficas con motivo del bicentenario” en Cuadernos de historia contemporánea, (2010). Vol. 32, Pp. 51-72.

[6] TOCQUEVILLE, A. La Democracia en América, Trotta ediciones, Madrid, 2010.

[7] TOCQUEVILLE, A. La Democracia en América, Trotta ediciones, Madrid, 2010.

[8] PÉREZ HERRERO, P. “Las Independencias americanas: reflexiones historiográficas con motivo del bicentenario” en Cuadernos de historia contemporánea, (2010). Vol. 32, Pp. 51-72

[9] PÉREZ HERRERO, P. “Las Independencias americanas: reflexiones historiográficas con motivo del bicentenario” en Cuadernos de historia contemporánea, (2010). Vol. 32, Pp. 51-72.

[10] PÉREZ HERRERO, P. “Las Independencias americanas: reflexiones historiográficas con motivo del bicentenario” en Cuadernos de historia contemporánea, (2010). Vol. 32, Pp. 51-72.

[11] PORTILLO VALDÉS, J.M. Crisis atlántica: Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispánica, Marcial Pons Historia, Madrid, 2006

ARTICULO REALIZADO POR:

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Héctor Linares. Director del Blog.

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