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BULA “DUM INTRA NOSTRAE MENTIS ARCANA”

Por

Héctor Linares González

Universidad Autónoma de Madrid

BULA “DUM INTRA NOSTRAE MENTIS ARCANA

conseo de las ordenes

Fig. 1. Escudo del Real Consejo de las Órdenes Militares.

La Bula Dum Intra Nostrae Mentis Arcana es un documento otorgado por el pontífice Adriano VI al emperador Carlos V en el año 1523. En este documento el papado reconoce que las órdenes militares castellanas actuaron activamente en la lucha contra el turco, recuperando durante el periodo de la reconquista los territorios peninsulares ocupados por los sarracenos. Adriano VI, había sido mentor de Carlos I durante su infancia, y afirma que su católica majestad es un buen creyente y devoto de la fe de Cristo. Se produce un ejercicio de reminiscencia de las buenas obras realizadas por sus padres, los reyes don Fernando y doña Isabel, y que por ello obtuvieron el título de reyes católicos. De él mismo, se agradece la actuación firme contra la herejía protagonizada por Martín Lutero, a la lucha contra el turco, y la evangelización del Nuevo Mundo.

 

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Fig. 2. Papa Adriano VI. 

Como recompensa, Roma premia a la Corona de Castilla, y a su cabeza, Carlos V, con la incorporación perpetua de las órdenes militares castellanas. Las razones que expone el papado para realizar la incorporación es que con este proceso el emperador podrá agrandar sus designios y los intentos de cristianización y lucha contra el turco aumentarán, además de que admite que las órdenes militares fueron uno de los grandes problemas de los monarcas castellanos durante la Edad Media. El poder de los Maestres era realmente grande, siendo en muchos casos auténticos rivales para los monarcas de Castilla. Ante estas disputas de poder entre las órdenes y la Corona, Adriano VI, que dice haber visto estas disputas en primera persona, piensa que la mejor solución es que las órdenes pasen a la persona del monarca. Así, a su criterio, el gobierno de las órdenes será mejor, y por ende, la disciplina de su soldadesca. Los conflicto entre reyes y maestres fueron uno de los motivos fundamentales para la incorporación “vendría a servir su fundación de grandes escándalos”. El fin de las ordenes era el mantenimiento de la paz en los reinos y la lucha contra el infiel, y en el caso castellano se habían configurado como líneas paralelas de poder. A partir de ahora los reyes de Castilla serían los administradores perpetuos de las tres ilustres ordenes militares castellanas, pero a cambio el rey deberá proveer a las órdenes de hombres de milicia que tengan el honor suficiente y sean verdaderos devotos de la fe católica, además de poseer la absoluta confianza del monarca.

 

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Fig.3. El Emperador Carlos V, quien recibió en 1523 la Bula Dum Intra

Estos caballeros de las órdenes serán el perfecto ideal del caballero de Dios, es decir, la representación de los Miles Dei, y tendrán que tener como último objetivo la recuperación de la tierra santa, la derrota del turco y de los enemigos de la fe católica, tanto por tierra como por mar. Los sucesores del rey Carlos tendrán que preocuparse por siempre de esta cuestión. Así, uniendo los maestrazgos en las manos regias se evitarán, según dice el propio Adriano VI, los escándalos que las órdenes protagonizaban en otro tiempo y que eran, en cierta medida, una verguenza para la Santa Sede. El rey católico se compromete a hacer la guerra contra los infieles siempre que le sea posible, y se dice algo que es totalmente interesante, pues al papado afirma que cuantas más gracias obtenga el rey de España tanto más recibirá Roma. Estamos ante una muestra de que la economía de la merced estaba presente en las relaciones entre España y el Vaticano. Con todo esto dicho, Adriano VI, reunido con el colegio cardenalicio, aprobó la incorporación perpetua de los maestrazgos en la figura del Rey de Castilla y León por siempre, y para sus sucesores, aunque estos fueran mujeres en algún periodo concreto.

 

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Fig. 4. Don Pedro de Barberana luciendo el hábito de la Orden de Calatrava

Hemos de decir que los poderes que recibe el rey de España no son ilimitados. Las órdenes se administran en España mediante la figura del monarca, pero en última instancia obedecen a Roma, que es la madre de las órdenes, y la que le deben devoción, respeto y obediencia. Las principales obligaciones que tiene un caballero de órdenes es con Dios, con el rey, y consigo mismos. Así, entre los poderes que se le dieron a los reyes de Castilla estaban: la jurisdicción, facultades, rentas, derechos, y pertenencias y bienes de las ilustres y católicas ordenes de caballería castellanas. Los reyes de Castilla ahora podrían disfrutar de los frutos y beneficios de los maestrazgos y la administración de los mismos. Los monarcas eran ahora administradores perpetuos de las órdenes, pero en lo terrenal, y jamás en lo espiritual, pues de ello se encargaban los propios caballeros y la Santa Madre Iglesia. De hecho, la creación de la figura de “administrador perpetuo” fue una de las cuestiones más complicadas en la incorporación de las órdenes a la Corona dado que el rey jamás podría ser Maestre y tener todas sus atribuciones, dado que el Maestre de una orden era un religioso, una persona que se había entregado en espíritu a la misión de la Iglesia de Roma, y el rey, como tal, no podría alcanzar jamás esa condición espiritual, es por ello que se creó esta figura ex novo. Sin contar con las atribuciones religiosas y espirituales, y su correspondiente gobierno, que sería ejercitado por los religiosos de las órdenes, el rey podía ejercitar todas las cosas que los antiguos Maestres de las órdenes hiciesen como proveer de encomiendas, rentas, y demás beneficios y obligaciones a las personas que el monarca quisiese, siempre y cuando fueran rectas, idóneas y correctas a los ojos de Dios y la Iglesia de Roma. Los caballeros de las órdenes deberían pasar una serie de probanzas  que no solo certificasen la nobleza de la sangre de los mismos, sino su verdadera vocación espiritual para poder servir en las órdenes de caballería. Los caballeros, religiosos,  y priores representaban la parte mística de los institutos armados. Éstos debían, según la orden a la que accediesen, cumplir fielmente las obligaciones y normas de la Orden de San Benito de Nursia  y de la Orden del Cister -Calatrava y Alcántara-, además de no ser hombres casados, pues la primera obligación del caballero es la fe y la orden.

Por último, se advierte al rey que bajo ningún concepto puede ceder la administración de los maestrazgos  a personas que no fueran sus legítimos sucesores en la Corona de Castilla. Además, no podrían enajenar los bienes de las órdenes, y tendrían que pedir permiso, bajo la fórmula de las bulas y breves, si en cualquiera caso quisieran obrar de otra forma distinta a la establecida en dicho documento. De no cumplirse estas exigencias, Roma podría eliminar la incorporación, y con ello, los reyes dejarían de tener la administración perpetua de las órdenes y religiosas caballerías.

Con la expedición de la bula de Adriano VI en 1523 se crea en el Reino de Castilla un nuevo consejo de la Monarquía Católica, y es el Real Conejo de las Órdenes Militares. Esta institución debe entenderse como un organismos de naturaleza eclesiástica y no política de la Monarquía Hispánica.  El Consejo no tiene unos orígenes claros, pero sabemos que a partir de esta fecha está totalmente consolidado, y sustituiría, entre algunas de sus facultades, ciertas competencias que poseían los medievales Consejos de los Maestres.

Como hemos dicho anteriormente, el Real Consejo de las órdenes militares y religiosas caballerías del Rey Católico era uno de los consejos de la Monarquía Católica. Este consejo trataba todos los asuntos concernientes a las tres ilustres órdenes de caballería castellanas, a saber: Orden de Santiago de la espada, Calatrava y Alcántara. A partir del gobierno de Felipe II, con la muerte del último maestre de Montesa, ésta se introdujo al Consejo de las órdenes. Durante el siglo XVI y XVII el Consejo de las órdenes poseía grandes atribuciones sobre todo en materia fiscal y de justicia para los caballeros de hábito y sus comendadores, que eran juzgados por el Consejo de las órdenes y no por la justicia real. Además, el Consejo de las órdenes poseía su propia tesorería y contaduría general en la que se administraban las rentas de las encomiendas y los distintos gravámenes que se aplicaban a sus caballeros como era el impuesto de “lanzas” o el “pan y agua de los caballeros”. Los orígenes del Consejo de las órdenes provienen del Consejo de los Maestres, como indica el profesor Carlos de Ayala Martínez. Es con la bula “Dun Intra Nostrae mentis Arcana” de 1523 cuando se institucionalizan y “los maestres se hacen reyes y los reyes maestres”. Se produce la administración perpetua de los maestrazgos por parte de la Corona española. A partir del siglo XVI, y a palabras de la profesora Postigo Castellanos, en el siglo XVI, con el fin de la reconquista de Granada, el Consejo de las órdenes se desnaturaliza y pierde su razón de ser, las órdenes militares empiezan a verse como un anacronismo medieval y el Consejo de las órdenes se constituye como un tribunal de honor y privilegios, siendo las órdenes militares un puro elemento de distinción y discriminación social en la España moderna. Es interesante ver el enorme cambio que se produce en el Consejo de las órdenes durante el siglo XVIII dado que pierde aún más autonomía y poder sobre todo cuando pasa a ser controlado por el Consejo de Castilla con las reformas de Felipe V, sus dos salas una para Santiago y otra para el resto de las órdenes se reducen a una tan siquiera, y las órdenes y su consejo empiezan a ser un mero artilugio de la monarquía borbónica, como fuentes de mercedes y gracias. Estaríamos hablando, en el siglo XVIII, del cambio de un Consejo de las órdenes a un consejo de gracia y mérito.

BIBLIOGRAFÍA

 

  • POSTIGO CASTELLANOS, E: “Y los Maestres se hicieron Reyes, y los Reyes Maestres”, en Militarium Ordinum Analecta, Nº 3, (1998). Págs. 291-320.
  • POSTIGO CASTELLANOS, E. Honor y Privilegio en la Corona de Castilla: Los caballeros de hábito y el Consejo de las órdenes en el siglo XVII, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1988.
  • GUILLADAS, M: Reseña histórica del origen y fundación de las Órdenes Militares y Bula de incorporación, Madrid, 1852.

 

INFORMACIÓN DEL AUTOR

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Héctor Linares González. Director del Blog.

 

Héctor Linares González. Graduado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid,  y con un Máster en Historia Moderna por la misma universidad. Becario de investigación en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid, y anteriormente becario de investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

 

Correo: hector.linares@estudiante.uam.es

 

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